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De Tuilla a semifinales

«Ay fía, ta aquí la tele to los días». Efectivamente enfrente del apeadero de Tuilla se congregan cierto número de periodistas con el móvil en la oreja y la cámara bajo el brazo: este es un partido de España en el pueblo del que es originario Villa.

Dentro del primer bar, ya una hora antes del choque con Paraguay, la concentración de humanidad y humo hace muy complicado aventurarse a entrar, al lado en la Casa del Pueblo, recibe una estridente vuvuzela y una bandeja de bollos preñaos aún caliente.

Decoran las paredes todo tipo de carteles y anuncios del Club Deportivo Tuilla, en Tercera División, con «precios especiales para parados y señoras»: «Ponme una tila que esto va a ser muy duro». «¡A mí un vino con ‘pesicola’!».

Ultraboys de Tuilla

Ultraboys de Tuilla

Aquí la cobertura escasea, la señal llega a las pantallas de plasma con algo de nieve («ponei una pantalla gigante en medio de la vía, ho»); y los alrededor de mil habitantes del pueblo se reúnen en los pocos bares posibles para seguir el encuentro: en el descanso, se produce una marabunta de turutas fuera de la cafetería y panadería Carly (hoy un bar de toda la vida lleno calor) mientras que un niño, atiborrado de gominolas rojigualdas, languidece lívido, sentado en el borde de la acera por la tensión reconcentrada del partido.

Se suceden los ‘uys’ y los ‘ehs’ a medida que avanza el partido y van llegando más y más coches, y seguidores; y van cayendo más y más botellas de sidra: al final, se deja sentir la sensación de que el resultado podría llegar a ser importante, pero solo para garantizar otra tarde como esta: los cánticos se suceden y acrecentan, hasta que de pronto, a través de las pantallas, llega, desde el invierno sudafricano, el gol de Villa y, con él, la explosión: arrancan pares de pies, frenéticos, del calor del Carly a saltar en mitad de la calzada, enfocados por una miríada de focos atentos, con petardos en las manos.

Está claro, Tuilla no duerme. David Villa, el guaje que dio aquí sus primeras patadas a un balón, ha hecho historia. Y su pueblo piensa celebrarlo. Los mil de Tuilla están en semifinales. Como toda España. O puede que más.

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