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La excepción es rojiblanca

Peñuki vallekana

Peñuki vallekana

Es sabido que peñas del Sporting hay muchas, pero en la capital del Reino, y que esté federada, sólo hay una: la Peña Recreativa del Sporting en Madrid. Asentada en la actualidad en el popular barrio de Vallecas, han pasado por diversos emplazamientos previos, desde el céntrico y castizo barrio de Malasaña hasta los aledaños de la calle de Alcalá.

Aunque lo que más choca, aparte de la «exclusividad» federativa, es su longevidad: lleva a sus espaldas cuatro décadas, ni más ni menos, siendo una de las embajadoras del sportinguismo en la capital de España.
Sentados en una mesa de su sede, los miembros de esta peña preparan la llegada de su equipo a Madrid para intentar sorprender esta tarde al líder de Primera en su feudo inexpugnable: el Santiago Bernabéu.

Pese a los años que llevan viviendo en la capital, ninguno de ellos ha perdido su acento asturiano, del que se enorgullecen. Roberto es el socio número 1 de la peña y lleva sesenta años viviendo en Madrid. «Tengo 68 y cuando vine, el aeropuerto de Barajas era un melonar, la entrada de Puerta de América no existía y la mitad de esta ciudad estaba por construir. Luego monté una empresa de servicios hasta que me jubilé y aquí sigo; en Madrid y fiel sportinguista», afirma. Su mujer, María Luisa, asiente: «¡Y tengo otros dos rojiblancos en casa!».
Gonzalo es el secretario de la peña. Mientras sirve unos culinos de sidra explica que su peña ya no se desplaza tanto para ver al Sporting: «No somos precisamente jóvenes. Uno de nuestros socios tiene 93 años». Pero, lo que sí afirma orgulloso es que su peña no falta a una sola cita sportinguista en Madrid o alrededores, como Getafe.
En la posguerra
La peña consta de 39 socios, aunque llegó a alcanzar la cifra de «ochenta y muchos» en algunos picos de su dilatada trayectoria. Roberto recuerda con un divertido punto de nostalgia cómo en tiempos del franquismo tuvo que llamarse «Peña Recreativa Real Gijón en Madrid», ya que, en aquella época de posguerra, se habían prohibido los nombres extranjeros.
Las paredes del local en el que se reúnen, Casa Herrero, lucen no pocos recuerdos enmarcados de las diversas actividades y homenajes que han ido desarrollando, mientras que otro de los socios y propietario del bar, Julio, atiende tras la barra con un perenne puro entre los dientes.
Fundaron esta peña por la doble necesidad de mantenerse en contacto con su tierra de origen y con sus colores. Era un tiempo en el que la comunicación no era tan fácil como hoy en día, y no dejan de organizar la tradicional comida anual.
Ayer, entre culín y culín rememoraban los avatares del equipo de sus amores y jugadores históricos, en los que, como no, Quini tiene un hueco de honor en las memorias de estos sportinguistas.
Francisco, oriundo de Amieva, también se ha percatado en los últimos tiempos de lo que ha calado el sportinguismo entre los más jóvenes, y todos los socios coinciden en subrayar cuánto les gustaría ver cómo «estos guajes» toman el relevo de las peñas en la capital y mantienen vivo el espíritu rojiblanco.
Una opinión que comparte Gonzalo. Por su trabajo como investigador viaja mucho por toda España y siempre le ha «sorprendido lo bien que se recibe al Sporting en todas las ciudades, incluyendo las que son supuestamente hostiles: el sportinguismo absorbe incluso a los que no son de allí». Hoy, en el Santiago Bernabéu, podrá verse lo que es ese sentimiento. Más de 3.000 fieles rojiblancos se encargarán de ello animando a su equipo. En el corazón de Castilla.

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