
El Nalón, su tele, sus gentes.
Hay quien dice que ver un partido del Sporting televisado solo en casa es comparable a comerse una fabada de bote frente al ordenador. Es por eso que en Madrid, igual que en otras ciudades en las que residen miembros dispersos de la amplia y entregada afición gijonesa, se congregan cada fin de semana fieles parroquianos para seguir en compañía los avatares de su equipo. Y este sábado, cuando el Sporting se mida con el Madrid, no será una excepción.
Hay muchos puntos de encuentro de seguidores rojiblancos en Madrid. Pero uno de los más míticos es, sin duda, el Restaurante Río Nalón, con Isidro al frente desde hace 25 años. «La gente empezó a venir cuando estábamos en Segunda, cuando los partidos eran más temprano, y, poco a poco, con todo esto de Internet y de subir a Primera, vienen más y más seguidores».
Cuando los gijoneses juegan en la capital, la cosa cambia. Se nota que algunos van al campo «aunque hay muchos que se quedan en el bar por el elevado precio de las entradas». Lo que más llama la atención es que los miembros de las peñas que viajan desde Asturias «quedan aquí directamente, comen y luego se van al campo». «Lo que va a haber el sábado va a ser gordísimo», advierte Isidro.
Y no sólo eso. Se produce, incluso, un ‘efecto llamada’ curioso con el Río Nalón. Los bares aledaños, vista la gente que se queda en la calle -a la que incluso sacan mesas para aprovechar el espacio-, han empezado a comprar los partidos y a anunciarlos con profusión. La calle de Donoso Cortés se ve así tomada de rojiblancos cada domingo. Hasta en una taberna andaluza, que poco sportinguismo parece contener. «¿Que si alguna vez se ha colado algún madridista despistado en el Nalón?». Isidro ríe: «Se nos ve de sobra desde fuera y cada vez más».
La afición se deja notar
José, del Rincón Asturiano, contesta al teléfono desde su explotación ganadera (de reses asturianas, por supuesto) en La Pedriza: «Perdona, me pillas capando toros». Él también guarda un gran recuerdo de las visitas sportinguistas y de cómo se hacen notar. En su caso, de manera directa. El año pasado, el equipo se alojaba no muy lejos de su restaurante y acudieron a comer en bloque.
En pleno centro de Madrid, en la calle de Bordadores, existe otro reducto astur. Nada más entrar, sorprende al visitante una camiseta de Villa, una fotografía del padre de Fernando, su regente, con Quini, y demás atrezzo que hacen del local un lugar reconocible a primerísima vista.
Son algunos de los valores seguros a la hora de ver el partido en Madrid, en cuyos bares ya es costumbre recibir decenas de llamadas con acento asturiano un par de horas antes del inicio de los partidos para preguntar si lo van a poner. Fernando asegura que «desde que estamos en Primera, el subidón ha sido máximo, siempre hay mucho ambiente. El año pasado nos pilló algo desprevenidos, pero este sábado, siendo además puente, prefiero ni imaginarlo».
Oriundo de Cangas de Onís, acoge con especial entusiasmo estos partidos porque son la «excusa para que vengan los amigos de allí, nos reunamos y comamos bien. El resultado del año pasado (7-1) fue lo de menos. A mí me prestó muchísimo».
La Santina, con una sede en Galapagar y otra en Torrelodones, propiedad de Nacho, de Cabrales, también huele a rojiblanco. Ambos locales se encuentran a las afueras de Madrid. Siempre pone los partidos, aunque sea «para seguirlo de reojo, como este sábado que trabajo, pero como vaya ganando el Sporting yo me siento y dejo de dar cenas». Tiene, además, una curiosa ornamentación: cuadros del Sporting y del Oviedo colgados de las paredes. Pero los azules, del revés. «Están castigados, igual que tuve al Sporting bocabajo hasta el ascenso. Cuando suban, los giro.»
Y, así, una retahíla de sidrerías y bares asturianos que motean la capital. Unos más del Sporting, unos más del Real Oviedo, y alguno al que el fútbol no le llama especialmente la atención. Pero, al igual que ocurrió la temporada pasada, muchos madrileños despistados que pasearán este sábado como si tal cosa por la Puerta del Sol se encontrarán, de improviso, a un buen puñado de aficionados asturianos afincados en la ciudad que desempolvarán la camiseta rojiblanca una vez más para tratar de tumbar al gigante merengue.


Quien ese onvre que capa toros
Hombre, es que estar en primera ya es otra cosa, los ánimos suben y, por consiguiente, el ambiente siempre es mayor.