
Eso ha sido un error, chico.
De vez en cuando, nace en Asturias una figura inspiradora, aparece del lugar más inesperado el emblema menos pensado, el personaje más carismático, el modelo de toda una generación: una señora va andando por la carretera de Somió-Infanzón, cuando pasa corriendo a su lado un muchacho de Europa del Este. Al poco, pasa un paisano de 97 años montado en una bicicleta que le dice: “Me han robado, llame a la Policía.”
El paisano en cuestión acababa de sacar la paga de la cartilla, cuando el malhechor o malandrín se la arrebató y echó a correr hacia el Muro. El paisano cogió una bici que había por allí cerca y salió detrás, en una persecución que llegó hasta la calle Magnus Blikstad, taxi mediante.
Ni que decir tiene que este señor se ha ganado el respeto de una ciudad simple y llanamente admirada, como es más que lógico, por su poder de destrucción: fundamentalmente porque cualquiera de nosotros lo que es coger una bici y pedalear desde el Oasis hasta la parada de Aguado es así como impensable. Vamos, a mí no se me ocurriría. Claro que, bien mirado, mangarle 500 euros a este local hero, tampoco.


Ye lo que tienen los gallasperos del Muro, pueden pa les mocines y pa los malos. Si también fueren mudinos, qué bien nos caeríen.
Hay gente para todo.