Cum On Her Face Presents

Ninjas con montera picona

En Madrid todo es más ruidoso. Silenciosa y asturianamente más ruidoso: uno sale por la noche y hay cuatro coreando el Asturias patria querida en andaluz; hay alguien de parecido sospechoso (¿e intencionado?) a Melendi; y estar en casa trabajando cuando, al abrir la ventana, se oye una gaita. Misterios matritenses…

Pero la ilusión dura poco: las calles de esta ciudad no engañan y, a pesar de estar hechas de «forasteros» se echan en falta ciertas cosas, a ciertas horas, que devuelven rápidamente a la nostalgia sana: ¿Dónde está un buen bocata de chorizo a la sidra cuando se lo necesita (a las tres de la mañana)? No está, hay que acudir al consabido «alós, selvesa y taalines» que ofrecen los ínclitos chinos en sus cajas de cartón. ¿Y esos cachopos que sobraron del mediodía en la nevera de la abuela, lista para el saqueo tras una noche larga y repleta de reencuentros? Nada, corazón, un plato de pasta recalentada y a dormir.

bocatasVivir con un pie allí y otro aquí requiere una flexibilidad gigantesca: la de coger trenes a las siete y cuarto de la mañana sin haber apenas dormido («Dejáime marchar, ho, que mañana cojo el tren») y llegar a Madrid con ánimo de acudir a clase en plan responsable; la de pisar Asturias y correr a casa a tirar los trastos y a olisquear lo que por allí se cocina.

Sabemos que somos muchos los que compartimos un sentimiento que trasciende el transporte, que trasciende la autopista o las vías del tren, incluso el inefable aeropuerto de Ranón, pero en el fondo es algo silencioso: tanto, que sólo en nuestro acento, afición al Sporting o destreza para escanciar se nos reconoce; la procesión va por dentro, cada cual sabe perfectamente lo que es echar de menos una Asturias única y personal configurada a partir de vivencias y experiencias que ninguna agencia de publicidad logrará sintetizar jamás; de paisajes, imágenes y sonidos que ninguna cámara logrará reflejar.

Por un motivo o por otro somos legión los que por estos lares nos vamos aposentando, y nos reconocemos secretamente en cualquier calle o bar: recuerdo una ocasión, en cierto local de Malasaña, con la música a todo trapo, en que un grupo de cántabros estaba tomando algo a nuestro lado. Nosotros, ajenos a ellos, comenzamos a hablar de Gijón por algún motivo, y de pronto percibí que dos ojos se volvían hacia nosotros y luego le indicaban a uno de sus amigos: «Mira, están hablando de Gijón.» El otro, escéptico, nos observó y respondió, escéptico: «No dicen Gijón, dicen hip-hop».

Nos hizo tanta gracia que tuvimos que acercarnos al tipo y entablar conversación: venía ex profeso a un partido de fútbol en la capital y no esperaba encontrar semejante invasión de astures: le costaba creer que aquellos dos también lo fueran; en todas partes los topaba, sin esperarlo.

Luego está la cara opuesta: sidrerías con chigreros recién importados de Venezuela (!) que ríen ante la idea de escanciar ese brebaje que venden a precio de oro; arrepentidos que han borrado a fuerza de lija y esfuerzo el acento y que llevan años sin pisar la tierrina…

Ahora bien, todo sabe distinto en Madrid, o donde sea ¾y no necesariamente peor¾: las ínclitas sidroquedadas, los rincones en que comer una fabada en condiciones o ver los partidos en buena compañía para exorcizar la morriña como buenamente se pueda.

Cada uno aterriza aquí a lo Paco Martínez Soria, con lo puesto, y se va amoldando a su nueva ciudad (o ésta se hace al visitante) con el tiempo, pero sin perder jamás ese vínculo que nos devuelve a casa en fechas señaladas. Este es el ruido madrileño: asturianamente silencioso, emotivamente sigiloso, como un ninja con montera picona, como un asturcón con zapatillas de andar por casa, como todo eso que sólo nos hace gracia o nos toca a nosotros pero que, con un guiño de complicidad y una dosis de Cabrales, vamos contagiando y esparciendo por esos mundos.

¿Dónde se oculta el próximo astur? ¡Cuidado, detrás!

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3 comentarios
  1. Andres says:

    Felicidades por la pagina!

    Ahora que me estoy convirtiendo en un hombre tren-cama (barcelona-Gijón) os comprendo cada día un poco más!

    Saludos!

  2. Enhorabuena.

  3. marcos says:

    Real como la vida misma…Demos las gracias a la generacion que se achanto con las prejubilaciones..mucha lucha obrera mucho somos la generacion del cambio de la transicion…Y yo me pregunto..¿Ahora que tais tos jubilaos que mi madre faceis que no tais tol dia manifestandoos..cortando calles ohh..Que con 55 años prejubilau de aceralia no creo que tengais el cuerpu mayau …Eso ye memoria historica ..no perder los derechos que ganaron los nuestros guelos……VEnga un saludin de otro asturianin perdiu por turquia..por que de pajares pa bajo son to turcos….dios que raza mas mala…

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