Berta Piñán abre la puerta de su casa, a pocos metros del bullicioso bulevar madrileño de Princesa, atribulada, con Alma y Andrea correteando nerviosas a su alrededor. «Nunca ven la tele por semana, pero hoy haremos una excepción.» Las niñas cierran la puerta que separa el salón del estudio sin disimular cierta curiosidad por la conversación que aquí se mantiene.
«En esta casa hay una serie de normas, y una de ellas es que cuando estoy en el estudio no se puede entrar sin llamar», explica la autora. «Para escribir hace falta un silencio, aquel de la juventud, el del pueblo, que no es fácil conseguir y preservar ahora.» Por eso Berta Piñán comienza la jornada a las 6 de la mañana, antes de dirigirse a su trabajo como profesora en un instituto de las Rozas, para verter algunos versos y luego dar paso a la jornada de una madre española más: niñas, carreras, trabajo y «a las 10 de la noche unas ganas de marchar a la cama tremendas, a veces no tengo fuerzas ni para leer».
Lleva ocho años viviendo en la capital, donde «las cosas pequeñas son mucho más difíciles de hacer; mientras que las grandes resultan bastante más sencillas.» Choca, ante todo, su asturiano perenne pero cristalino en mitad de esta ciudad agitada y silenciosamente invadida por norteños: ¿Cómo es escribir desde la llingua en este contexto? «Se puede escribir en asturiano desde cualquier sitio, una vez superada la construcción de un lenguaje literario y de un mundo emocional en las primeras fases.» En su caso, son tres: la primera fase fue la de querer ser escritora, y no tanto de dedicarse a crear («Yo con 16 años estaba encantada con la idea de ser famosa y lo bien que escribía», ríe); la segunda, la del victimismo («Por aquello de escribir en asturiano»); y ahora, la tercera, la de madurez. «Ando revisando, recordando… Creo que el nuevo libro se va a llamar ‘La Mancadura’ [‘El Daño’], y tengo intención de sacarlo en bilingüe.»
Pero más allá de su propio crecimiento y desarrollo como escritora, Berta Piñán ha constituido una pieza ineludible en el proceso de normalización, integración y, por qué no, edificación del asturiano. Por supuesto que la raigambre, los vínculos que van naciendo («innatos no son, la verdad, van surgiendo con el tiempo») acaban llevando a ciertos autores a trabajar con más o menos ahínco, con más o menos tino, en la composición de una obra que lo emplee como vehículo; ahora aflora la lingüista, la filóloga, la amante de su propia materia prima: «Explorar el asturiano es algo que ha dado, que da y que dará muchos quebraderos de cabeza ¾queda mucho por hacer¾ pero que al mismo tiempo nos permitió buscarle los límites, encontrarle la plasticidad, la tonalidad, los registros que queríamos usar para contar lo que cualquier autor en su lengua. Y eso es precioso, es una satisfacción enorme.» Se trata de tomar una herramienta en pañales, incipiente, y hacer de ella algo «transparente». Tiene que poder llegar a todos los lectores.
De hecho, Piñán distingue claramente entre el trabajo en prosa y el poético al reflexionar sobre los receptores de sus textos, «esos que tantas alegrías dan». ¿Existe el lector ideal? «En poesía ya está hecho, viene prefabricado: es un lector con un nivel cultural más que aceptable, pero ante todo muy permeable a cualquier lengua a la que pueda acceder y a cualquier propuesta, por poco convencional que sea. Probablemente por eso sea más fácil llegar mediante el verso…»
Llevamos más de la mitad de nuestra entrevista y, casi sin pretenderlo, prácticamente toda ella ha girado en torno al asturiano. ¿Hasta qué punto los dos ejes ideológicos de Piñán ¾feminismo y llingua¾ han marcado su escritura? «Está claro que marcan, mucho en ocasiones: el feminismo en la búsqueda de voces, perspectivas y relaciones humanas en determinados momentos; el asturiano por ser el instrumento utilizado.»
Pero estas cuestiones terminan por ser accidentales, periféricas a su creatividad y no más influyentes que otras circunstancias mucho más ligadas a la construcción del universo propio: llama especial atención el episodio en el que la escritora recuerda la vuelta al medio rural tras haber superado la inocencia juvenil, la mirada escéptica y crítica sobre ese mundo de la infancia, años después. No salen de su boca sino imágenes: es una mujer paseando a la gocha antes de la matanza («Es para darle un paseín antes de que muera.») la que ilustra el mundo rural con el que topó al volver; de igual manera, son la salida del Negrón y el olor a pomar los que impregnan la idea de emigrar, los que ilustran la repentina y evidente conexión con la tierra, y no vagos y almidonados conceptos salidos de tal o de cual corriente: la influencia es innegable, pero no invasiva, no molesta.
Volviendo, volviendo a Cañu, su pueblo de origen, recalamos en los inicios, cuando escribía de madrugada, y caemos en la cuenta de que Piñán está dando la vuelta al reloj con el paso del tiempo: antes no se acostaba y ahora madruga mucho, y no obstante la necesidad de expresar sigue estando ahí, como uno de esos (pocos) bordones que acompañan al autor toda su vida. ¿Y si se agota? «Eso ya no asusta: como decía Goethe, esto es una cuestión de ir apilando madera y luego prender la mecha, y leños ya tengo suficientes.»
Quizás sólo quede una pregunta por hacer: ¿Ha tenido éxito Berta Piñán? No es fácil imaginar una respuesta, dadas las motivaciones e influencias que en ella conviven, que se amontonan, como observamos, sobre las universal y llanamente literarias. «El éxito con 16 años, como decía, era venderlo todo y ser famosa; ahora… puedo afirmar que estoy completamente satisfecha, y que tengo una gran suerte. Puedo permitirme escribir y publicar, y eso a estas alturas es casi lo que más importa.»
Berta Piñán ha llegado a ese punto en el que juega con sus niñas, mantiene un estudio impecable, se preocupa por salir bien en las fotos («Dejadme quitar esto negro, que voy a parecer una lánguida de esas.»), ofrece bebidas, pregunta, observa, sonríe y no tiene reparos en conversar sobre lo que se le pregunte, sean libros o la gala de los Premios Príncipe: esta es su vida, y lo demás, literatura.




