
"Lo mío ye el heavy metal sinfónico."
Son las 9 y media de la noche de uno de los primeros martes de otoño que caen en Madrid: en la Plaza Mayor, un cuadro flamenco al completo hace las delicias de los turistas; bajando por el Arco de Cuchilleros se escucha a un grupo de amigotes desgañitándose en un karaoke; y unos metros más allá, en los estudios Cinearte, Nistal al completo se congregan ante la mesa de mezclas junto con el productor Pablo Pulido mientras que el ovetense Jorge Otero graba (todos) los bajos del nuevo disco.
Estaremos aquí hasta bien avanzada la madrugada, entre batallas con los ritmos y una creatividad acelerada por las prisas: el fundador de los Stormy Mondays aguanta lo que le echen, y eso a pesar de que llegó ayer de New Jersey, se va esta noche a Asturias y el viernes estará con Willie Nile en Holanda: «Es el hombre ideal para estos apuros».
Ricardo Nistal (voz y guitarras), Alfredo Luna (guitarra) y Álex Ortín (batería) muestran ya signos de cansancio, en mitad de la vorágine de ensayos, colaboraciones y el frenético ritmo de trabajo con el que están grabando este disco: dedicaron la primera semana a las bases y voces; la segunda (esta) a las colaboraciones; y la que viene a los últimos retoques y a empezar a perfilar la mezcla.

Alfredo Luna y un perrín.
Tras casi un año de ensayos en su local con los nuevos temas y algunos cambios de formación, Nistal se encontraban, por fin, preparados para entrar en el estudio con el nuevo material: eso sí, sin discográfica y con un valiente crédito a sus espaldas.
El lunes estuvo aquí Xabel Vegas: la tarde era soleada y cálida, en contraste con esta desapacible noche, cuando empezó a sonar el lecho de guitarras acústicas de ‘Al norte de aquí’. Primero graban Ricardo y él juntos, luego, por separado; finalmente Xabel pide que apaguen todas las luces de la sala y que le dejen solo.

"Huevos, leche, azúcar... ¡Bizcocho!"
Así, tras el cristal, sólo percibimos el punto brillante de los cigarillos que encadena mientras que su cavernosa voz va desgranando los versos: Por eso yo me fui / para escapar de ti…/ y de mí. «Espera, espera, para», pide. «¿Cómo va esta i? Larga, corta…» Ricardo revisa la letra, coge la acústica y bromea: «Mayúscula, mayúscula».
Escuchan el resultado con solemnidad, toman notas sobre un folio, regraban trozos y así, poco a poco, van dejando que las ideas del gijonés (Xabel) impregnen el concepto original del ovetense (Ricardo): lleva toda la semana entusiasmándose con los colaboradores, que están logrando dar a cada tema, a su pequeña parcela, su sello personal.

Emulando a Nistal.
También iba a estar aquí Igor Paskual, pero su sesión ha tenido que posponerse al jueves debido a una repentina y violenta gripe («Siempre tiene que desbarajustarse el horario»).
Aunque el jueves, por fin, el asturiano de adopción está en su salsa: mientras que Xabel Vegas cantaba discreto y solitario y respondía con monosílabos a las preguntas; mientras que Jorge Otero se concentraba con virtuosismo maratoniano en su bajo clónico al de Paul McCartney; la imagen que nos espera al entrar al estudio es la de Igor rebozándose en el suelo y agitando con furia (desatada pero precisa) el mástil de su guitarra contra el amplificador.
Colabora también con las voces de ‘Han dicho de mí’, se equivoca, profiere un juramento y vuelve a empezar la toma: «Desde arriba». Repite, afina, elige su octava y vuelve a empezar.
Va quedando una auténtica cara B tras cada segundo de las canciones, se va labrando una historia paralela a medida que tienen que pedir pizzas a horas imposibles antes de que se les olvide cenar, o que descubren que un verso no cabe, o que algo se rompe, o que se sirven el enésimo vaso de agua tras completar, aliviados, una nueva pista. Avanzan con gran seguridad por el plan trazado, agradecen enormemente haberse quitado de encima el peso de haber llegado hasta aquí con el esqueleto de las canciones atado y poder dedicar estos días a pasarlo bien en compañía de amigos que enriquezcan, modifiquen y vayan terminando de perfilar, a mil manos, el aspecto final del disco.

Álex Ortín, sentado en una silla (nos gustan los pies de foto descriptivos).
Al líder y compositor de la banda le cuesta contener el entusiasmo cuando dan con un giro inesperado en esta línea de voz o en aquel solo; y es que tras sus ojeras se puede leer, sin apenas esfuerzo, la satisfacción de haber partido de una melodía tarareada con la acústica que ahora luce vestida por coros, batería, bajo y una montaña de guitarras.
A finales de octubre la mezcla estará terminada, a principios de noviembre estiman tener lista la masterización, y a partir de ahí… A saber.

