Tres recetas de AntroxuComer, lo que es comer, siempre presta, pero más aún cuando tienes una excusa -como el Antroxu- para fartucar más, y mejor, que de costumbre.
Picatostes
Sin duda el invento más adictivo de estas fechas. Ojo, Asturias es uno de esos lugares de la geografía ibérica en los que, por motivos que se nos escapan, a lo que en el resto del mundo se llama "torrijas" se le conoce como "picatoste". Pues no sé, pero está bueno.
Ingredientes (a bulto)
Medio litro de leche
Una barra de pan del día anterior (bimbo no vale, que nos conocemos)
Canela en rama
Corteza de limón
Un poquitín de aceite
Un huevo
Esta es la más fácil. Hay que hervir parte de la leche con la corteza de limón y la canela, y añadirle un par de cucharadas de azúcar al retirarla del fuego. Después se remojan las rebanadas de pan duro en leche, sin dejar que se desmenucen o que se ablanden demasiado, para finalmente rebozarlas en huevo batido y freírlas hasta que doren. Y voilà, picatostes.
Pote Asturiano (Tineo way)
Una de esas recetas milenarias que consisten, básicamente, en coger todo lo que haya por un huerto y por un prao, meterlo en una pota durante dos días y pasar otros dos digiriéndolo.
Ingredientes (para tres con fame)
400 g de lacón
Un hueso de jamón
2 chorizos + 2 morcillas (empieza lo hardcore)
200 g de fabes
Medio kilo de berzas
Medio kilo de patatas
Sal
y...
400 g de chosco de Tineo (dónde si no)
La primera pregunta que os asaltará es, ¿y qué es un chosco? Nosotros, que somos muy majos, os lo explicamos: un chosco es el mismo concepto del chorizo, pero llevado un paso más allá. Consiste en una unión del poder del lomo y de la lengua del gocho (en una medida muy inferior, no os asustéis) mezclados, curados y ahumados con pimentón y sal, e introducidos en las tripas del gracioso animal cerduno. Es algo muy parecido al archiconocido botillo.
Bueno, con esta lista de ingredientes podréis intuir que lo que es calentar calienta, el invento. La idea es poner a remojo, el día anterior, les fabes, el lacón y el hueso. Al día siguiente se echa todo en una pota, añadiendo los chorizos y las morcillas, además del chosco (repito lo de la fabada: usar el mismo agua del remojo no es "aprovechar matices", es una guarrada). Mientras que esto se va haciendo, se cuecen las berzas por separado, cortadas en cachinos, y se escurren, para, al cabo de una hora, echarlas con la parte consistente del asunto en la pota.
Transcurrida media hora desde que se hayan añadido las berzas, se cortan las patatas (peladas y lavadas, gochos) y se dejan hervir con todo lo demás por espacio de media hora. Se rectifica de sal y hacéis con aquello lo que veáis conveniente. Un último consejo: no por poner el fuego más fuerte se cocina más deprisa. Dicho queda.
Casadielles
Este es uno de los máximos manjares del Antroxu, pero también de los que dan más trabajo. Vamos allá, que no es difícil:
Ingredientes (amigo, según lo grandes que las hagas, te saldrán más o menos)
Para la masaUn cuenco de vino blanco (PEQUEÑO)
Medio cuenco de mantequilla fundida (pequeño, igualmente)
Una yema
Un poco de levadura
Una pizca de sal
Harina (sin chistes, y tal)Se mezcla el vino blanco con la mantequilla fundida, y se le añade una pizca de sal y media cucharada de levadura, aprox. Se bate todo bien batido, para luego añadirle la yema y seguir removiendo. A medida que se hace esto, debe echarse la harina, de manera que quede una pasta que no se pegue a las manos. Y voilà, ya tenéis la mitad de una casadiella.
Para el relleno
Un cuenquín de nueces molidas (que está más bueno si las moléis en el momento)
Medio de miel
Un chorrín de anís (toque litúrgico-popular)Se mezcla, y tenéis la otra mitad.
Lo que hay que hacer ahora es darle forma de casadiella, esto es, cortar cachos pequeños de la bola de masa tras voltearla, removerla y dejarla apetecible y, con un rodillo, dejarlos muy finos. Luego se coloca encima el relleno, y se enrolla concienzudamente. Finalmente, debéis cerrar los extremos con un tenedor para que no se salga lo de dentro. Puede parecer una obviedad, pero no lo es...
Se fríen, y a disfrutar.
Hoy, Fernández wayEl sanjacobo de toda la vida, reinventado por la cabecilla del clan de los Fernández.
Mario llegó de Gijón echando pestes de Villalpando, cargado con una enorme maleta y con un bulto, envuelto en una bolsa de plástico, diciendo que ya estaba en casa, y que la señora Fernández nos había hecho «un regalín».
De aquella bolsa empezaron a salir unos rollos empanados, como croquetas cilíndricas… Mario sonrió y se metió en la cocina. El resultado: sanjacobo deconstructed.
Paso de poner hasta los ingredientes, porque es una cosa bastante básica: se cogen todas las lonchas de jamón york y de queso que se puedan ingerir, se ponen muy juntinas y se enrollan con toda la fuerza de Thor.
Una vez que lo hayáis apretujado lo suficiente, no tenéis más que batir unos huevos, preparar un plato con pan rallado e ir empanándolo todo. Luego, y siempre en abundante aceite, lo freís con fuerza.
Finalmente conviene dejarlo soltar un poco de grasona, y que enfríe. Y después… a disfrutar.
Hoy, huevos, picadillo y otras brutalidadesDesde que tengo que hacerme la comida y ocuparme de mis cosas, como imagino que os ocurre a casi todos, suelo tener que acabar buscando (me guste o no) soluciones fáciles, rápidas y apetitosas para todas las veces que no hay tiempo de cocinar como dios manda.
Es el principio del fast-food en su vertiente medieval: no se tarda más de 15 minutos en preparar esto; se tarda más de tres horas en olvidarlo…
Huevos fritos con patatas, picadillo y tortos (ingredientes para una persona)
2 huevos
2 patatas
250 g de picadillo
Tortos: Fácil es. Se pone en un cuenco harina de trigo, y cuatro veces su volumen en harina de maíz. Se calienta agua con sal y se vierte en el cuenco. Revolvemos con una cuchara de madera y cuando ya esté más o menos mezclado y no queme, terminamos de amasarlo con las manos. Hacemos bolas con la masa resultante y las colocamos cobre un paño blanco, limpio y humedecido. Se aplastan para darles la forma de torta y se fríen en abundante aceite (como todo lo demás).
La gracia de este plato está en el orden de preparación, ya que las cosas tardan tiempos distintos en hacerse, y en que los sabores de unas cosas impregnan los de otras si no actuamos con cautela. Así, es una santa guarrada freír un pescado y a continuación preparar los tortos, por ejemplo: limpiad la vajilla. Es un consejo.
Lo mejor es emplear dos sartenes (o, si tenéis freidora, perfecto). En una echamos, en primer lugar, los tortos, y en la otra el picadillo, que empezará a desprender su fragante olor. Mientras que estas dos cosas se van haciendo, podemos cortar las patatas. El consejo del tito Carantoña es que lo hagáis en rodajas, no en palitos: esto no es el Burger King.
Se sacan los tortos y el picadillo y se dejan en el plato. En la sartén del picadillo echamos los huevos. Yo no suelo hacerlos demasiado, porque así hay más donde mojar y tiene más picadillo flavor. Y en la sartén de los tortos, las patatas. Hay que dejarlas tostar bien, no os dejéis llevar por las ansias.
Se sirve todo, se riega con sal y a morir por dios.
Hoy, FA-BA-DAVaya frío que hace en la capital del reino cuando quiere… y ahora, parece que empieza la temporada invernal.
Hoy nos levantamos con los dedos de los pies helados, y sin ganas de salir de debajo del edredón… Porque hace un frío que pela, sinceramente… this is… FABADA TIME!
Al haber muchas, muchísimas variantes (casi una en cada casa), aquí nos limitamos a exponer la versión básica de la fabada, y luego que cada cual llame a su madre y se lo cuente para que nos ponga a caldo (”¡esos guajinos de interné nun tienen ni idea!”) y le dé los consejos esenciales.
Fabada para cuatro
Medio kilo de fabas de la granja (esencial)
Dos morcillas (from Tineo)
Jamón serrano del caro (un buen buen cacho)
Un par de chorizos (from Tineo)
Sal (si hace falta)
Un hueco en la agenda de al menos dos horas posterior a la ingesta…
Pa hacer una fabada, lo primero es estar bien posicionao. Ponemos les fabes a remojo durante seis horas. Atención: ES NORMAL QUE SE ARRUGUEN, no me vayáis a hacer como aquella mujer de Gijón que se casó y se puso a hacer una fabada que nunca llegó a terminar, porque tiraba les fabes pensando que si se habían arrugado era porque estaban pasadas.
El paso dos es escurrirlas. Es bastante importante hacerlo y no ser tan gochu de utilizar ese agua para cocinar el conjunto. Luego se echan les fabes, los chorizos, las morcillas y el jamón serrano del caro (no lo piquéis gañanes, que no ye gazpacho) en una pota baja, que quede todo holgadino y que quepa bien. Echamos agua hasta cubrirlo todo. Se pone al fuego y venga. Cuando veáis que la cosa hierve y que el agua empieza a bajar, empezamos a “asustarla”: añadir culinos de agua, que harán que deje de hervir momentáneamente, y cuando vuelva a borbotear la dejáis un poquitín y le dais otro susto. Así varias veces, unos 45 minutos o un poquitín más, según. Cuando creáis que ya va estando, sacáis una faba y la probáis y ya vais decidiendo.
Luego, importantísimo, se tapa y se retira del fuego, para que repose. Lo ideal es dejarla de un día para otro. Llegado el momento, se calienta a fuego muy muy suave, se sirve y a comer. Preferible acompañarla con vino tinto o sidra en cantidades ingentes para inducir al sueño post-comida que nos evite enterarnos de la digestión.
Cosas que NO se deben hacer
Añadir una hoja de laurel del parque Isabel La Católica: puro pis de jubilao.
Añadir azafrán: no es una paella.
Añadir almejes: fabada y fabes con almejes poco tienen que ver.
El arroz con leche de postre es un suicidio.
Si alguien quiere tinto de verano, cocacola o fanta de naranja, echáilu del país.
No comer al sol, que da catarro.